lundi 10 septembre 2007

ÉLECTIONS AU GUATEMALA


Qui ne se souvient, à pareille date l’an dernier, de la chaude lutte menée par l’Administration Bush contre la candidature du Venezuela au siège non permanent du Conseil de sécurité des Nations Unies. Pour y arriver, elle suscita la candidature du Guatemala, petit pays de l’Amérique centrale (12.6 M d’habitants), cherchant par tous les moyens à y rallier le plus grand nombre de pays de la région. Devant l’impasse, le Venezuela accepta de retirer sa candidature pour autant que le Guatemala en fasse autant. Mais quel était donc ce pays que l’Administration Bush voulait voir siéger au Conseil de Sécurité des Nations Unies?



Hier, 9 septembre, après une campagne électorale des plus sanglantes, c’était jour d’élection au Guatemala. Voici ce qu’en dit La Presse Canadienne dans son dernier reportage.



« Outre le scrutin présidentiel, les électeurs guatémaltèques étaient appelés aux urnes pour des élections législatives et municipales à l'issue de la campagne la plus violente de l'histoire de ce petit pays d'Amérique centrale. Pas moins de 34.000 policiers et soldats étaient mobilisés dimanche pour veiller au bon déroulement du scrutin.

Ces quatre derniers mois, une cinquantaine d'hommes politiques, militants et leurs proches ont ainsi été tués par balles, poignardés ou étranglés. Avec plus de 5.000 homicides par an, le Guatemala est le pays le plus violent d'Amérique centrale.

Le scrutin s'est déroulé dans un calme relatif après une campagne marquée par des violences, mais a donné lieu à des incidents dans la ville de La Ceiba, à environ 50 kilomètres au sud-est de la capitale, Ciudad de Guatemala, où quelque 3.000 personnes ont mis le feu à un bureau de vote, avant de brûler des bulletins dans un autre bureau. La foule a été dispersée par la police, qui a dû user de gaz lacrymogènes.

Les manifestants accusaient le maire de La Ceiba, qui brigue un nouveau mandat, d'avoir fait venir des habitants du Salvador voisin pour voter en sa faveur. »

Imaginons un seul instant que pareille situation se soit produite lors des élections au Venezuela! Qu’aurait-on dit de la démocratie et de la légitimité de pareil scrutin ?

Le Guatemala, selon plusieurs observateurs, est un Etat capturé par les trafiquants de drogue, le crime organisé, les gangs,
la corruption, l'impunité et la pauvreté."

Colom, candidat à la Présidence et ancien vice-ministre de l'Economie dont plusieurs membres de la famille ont été assassinés lors de la guerre civile, s'est engagé pour sa part à réformer la police et la justice. Il a également répété que la victoire de son principal adversaire ramènerait le pays aux heures sombres de son histoire. En effet, Perez Molina, ancien chef du renseignement militaire pendant la guerre civile de 1960-96, partisan de la peine de mort veut renforcer l’action de l’armée et de la police.


Un rapport soutenu par l'Onu attribue à l'armée 85% des assassinats et disparitions de quelque 250.000 Indiens mayas pendant la guerre civile.


Voilà la candidature qu’avait alors choisie l’Administration des « forces du bien » pour siéger au Conseil de sécurité des Nations Unies? Il ne fait pas de doute qu'elle saura appuyer son candidat de droite, Perez Molina, lors du second tour. Même s'il est second suite au premier tour, je vous prédis qu'il sortira vainqueur au second tour. La démocratie a parfois de ces secrets qui rendent possible l'impossible.

Oscar Fortin
10 septembre 2007

dimanche 26 août 2007

BENEDICTO XVI y JESUS DE NAZAREHT: Tomas de posturas y silencios

Podemos aplicar al conjunto de la obra de Joseph Ratzinger la constatación que él mismo anticipa acerca de que las distintas corrientes de interpretación del "Reino de Dios" se basan en los postulados y la visión fundamental de la realidad de cada exegeta (p.80). No cabe duda de que el autor de Jesús de Nazareth (Flammarion 2007) no escapa a este condicionamiento. Ya su larga trayectoria en la Curia romana y, muy en particular, a la cabeza de las Congregaciones de la Doctrina de la Fe, revelan algunas fijaciones filosóficas, teológicas e ideológicas que irán apareciendo a lo largo de esta larga meditación. Sus silencios sobre algunos textos y, en cambio, la cita de otros vienen a señalar algunas de estas orientaciones.


No cabe duda de que otras meditaciones sobre el mismo tema realizadas por Dom Helder Camara, que vivía en los barrios pobres de Brasil, o por Monseñor Oscar Romero, comprometido en el servicio del pueblo perseguido en El Salvador, o por el padre Ernesto Cardenal, sacerdote en un medio desfavorecido en Nicaragua o también el abbé Pierre que vivió con sus “sin techo” en los barrios pobres de París serían muy diferentes de las que encontramos en el volumen de Joseph Ratzinger. Se partiría, por tanto, en todos los casos, del mismo Jesús de quien nos hablan los Evangelios.


Más académico que pastoral, más cristológico que histórico, el libro está atravesado por una preocupación fundamental, la de centrar todo en Dios, el Padre a quien Jesús nos reenvía por su persona divina y su obediencia hasta la muerte en la cruz. El autor nos dice que Jesús es la actualización de la Torah (ley) y que, en él, se encuentra la justicia y "la aceptación de la entera voluntad de Dios, la voluntad de tomar sobre sí el `yugo del Reino de Dios " (p.37). La Iglesia cultual es la prolongación en el tiempo de esta aceptación de Jesús y del Reino de Dios del cual es la encarnación.


En la presente reflexión querría atenerme a dos aspectos que me parecen significativos en cuanto a las orientaciones fundamentales del autor: en primer lugar sus silencios sobre algunos textos y corrientes de pensamiento teológico, y, luego, las posturas adoptadas y sus silencios sobre algunas cuestiones relativas al compromiso social y político de los cristianos.


1. LOS SILENCIOS SOBRE ALGUNOS TEXTOS Y CORRIENTES DE PENSAMIENTO TEOLÓGICO


En el relato del Bautismo de Jesús, cabe advertir la ausencia de tres referencias, sin embargo importantes y capaces de proyectar una luz particular sobre el advenimiento de Jesús y de su misión en el corazón de esta humanidad a la que pertenecemos todos. En primer lugar el primer encuentro de Jesús con Juan Bautista en el momento de la visita de María a su prima Isabel. Esta última, embarazada de Juan Bautista, al oír el saludo de María, sintió al niño saltar en su seno y se llenó del Espíritu Santo. "Bienaventurada la que creyó: lo que el Señor ha dicho se cumplirá”. Entonces María dijo:


"Desplegó la fuerza de su brazo; dispersó a los hombres de pensamiento orgulloso; derribó a los potentados de sus tronos y exaltó los humildes; a los hambrientos colmó de bienes y a los ricos, los despidió con las manos vacías (Lc. 1, 51-55).


Se trata de un fragmento del cántico (el Magnificat) que los católicos tienen la costumbre de cantar en ocasión de celebraciones festivas. En el contexto social del tiempo en que, según los datos del autor (p.96), el 90% de los habitantes de la región formaban parte de la clase de los pobres, esta exclamación profética que Lucas pone en boca de María no caía en oídos sordos. El orden del mundo, establecido por los reyes, los emperadores y a menudo sostenido o tolerado por los grandes sacerdotes, no era el querido por Dios. En este contexto los zelotas, revolucionarios del tiempo de Jesús, quisieron cambiar este orden de las cosas y los esenios se apartaron del templo de Herodes para formar comunidades familiares y monásticas en el desierto (pp.32-33).


La llegada de Jesús aporta, pues, una nueva esperanza en cuanto a la próxima llegada de un nuevo orden en el mundo. Su vida y su misión precisarán la naturaleza de este nuevo orden. Una primera referencia, por lo tanto, en absoluto anecdótica, que habría sido importante señalar para comprender mejor el desarrollo de la misión de Jesús en el mundo. Este texto tiene en cuenta el mundo político y económico. En efecto, cuando se derriba a los poderosos de su trono y se despacha a los ricos con manos vacías, no es para actuar política y económicamente de modo totalmente neutral. Hay algo que cambia en la organización de las relaciones de grupos y personas. El autor en cambio eligió, en este caso, atenerse al Evangelista Juan (1,31-33) que hace decir al Bautista, hablando de Jesús, "que no lo conocía" (p.34).


El segundo encuentro ocurre, treinta años más tarde, en el Jordán. Allí se encuentra con un Juan Bautista que no modera sus palabras allí donde muchos fariseos y saduceos venían a hacerse bautizar:


“Raza de víboras, ¿quién os ha mostrado el medio de escapar de la cólera inminente? Dad pues fruto que prueba la conversión; y no os contentéis con decir: `Tenemos por padre a Abraham". Ya que os digo, que de estas piedras Dios puede dar hijos a Abraham. Ya el hacha está dispuesta a atacar la raíz de los árboles; todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego” (Mt.3, 7-10).


Este texto no es obviamente blando para una gente que se reclama de la fe en Abraham, pero que sólo vive de cultos y apariencias tras los cuales se oculta mucha hipocresía. El bautismo de Juan hace en un primer momento una llamada al examen completo de estas astucias y en un segundo momento a una nueva manera de vivir. Incluso una nueva escala de valores se impone. Con todo cuando se leen los comentarios del autor ante estos dos grupos, el lector puede fácilmente constatar que los cubre con una cierta comprensión. ¿De hecho, no suponen para el judaísmo lo que el autor y las jerarquías son para la Iglesia? La tentación de trasladar estas invectivas a los grandes sacerdotes y los doctores de la ley de hoy no carece totalmente de fundamento. El autor sabe seguramente algo de todo ello.


Los saduceos, que forman mayoritariamente parte de la aristocracia y la clase sacerdotal, se esfuerzan en vivir un judaísmo instruido, conforme al modelo espiritual del tiempo, y tratando de adaptarse a la soberanía romana... El modo de vida de los fariseos encontrará una encarnación duradera en el judaísmo impregnado por el Mishna y el Talmud... No hay que olvidar que la gente que fue hacia el Cristo procedía de horizontes muy distintos y que la comunidad cristiana primitiva comprendía también a muchos sacerdotes y antiguos fariseos (p.33).


Los zelotas, por el contrario, no se benefician de tanta compasión por su parte. "Estos últimos no rechazan ni el terror, ni la violencia para restaurar la libertad de Israel. Los fariseos [...] intentan por su parte llevar una vida de observancia estricta de los preceptos de la Torah..." (p.32).

En sucesivas ocasiones Jesús se enfrenta con esta gente que intenta atraparlo de cualquier modo. No en vano Mateo les consagra prácticamente un capítulo completo, poco antes de que Jesús sea condenado por aquellos mismos a morir en la cruz. Jesús no va con guantes blancos, por lo que se pone de manifiesto la seriedad del tema tratado y su impacto en la comunidad de creyentes. Joseph Ratzinger no insinúa ni siquiera una palabra que supongan precisiones esenciales sobre "la verdadera voluntad del Padre". Me permitiré citar sólo algunos extractos. Es necesario recordar que es el Hijo de Dios el mismo que habla, el mismo que será llamado a juzgar el mundo:


" ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! ¡Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar!


¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito y, cuando llega a serlo, le hacéis digno de condenación el doble más que vosotros!


¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que hay que practicar, aunque sin descuidar aquello (ver Mt 23,1-33). "


Si Jesús se detuvo tanto en este punto, insistiendo en ello de nuevo a menudo, muy a menudo, y en todo caso más que a otras cuestiones como la sexualidad, el culto e incluso la riqueza, es que era algo importante. ¿Entonces, cómo explicar que el autor no haya destacado y comentado estas declaraciones de Jesús en un libro cuyo objetivo es precisamente presentarnos su persona y su mensaje?


Los comentarios del autor sobre este aspecto de la personalidad de Jesús y sobre la importancia que concede a esta cuestión habrían dado luz seguramente al lector. Habrían permitido hacer una autocrítica de los actuales doctores de la ley e indicar, como lo han hecho Juan Bautista y Jesús, la naturaleza de la verdadera conversión a la que atenerse. Pienso que cualquier lector habría estado a la vez atento a este análisis e indulgente ante algunos "mea culpa" exigidos por el Bautismo de Juan y las invectivas de Jesús.


El autor prefiere sin embargo ignorar estos dos pasajes y tomar más en consideración a los zelotas, promotores de violencia y terror. En su defensa cabe no obstante tener en cuenta que si el levantamiento de los zelotas, aplastado por los soldados romanos, terminó en un baño de sangre del que ellos mismos fueron víctimas, no fueron objeto de reprimendas por parte de Juan Bautista, como fue el caso de fariseos y saduceos.


El tercer texto silenciado es precisamente el referente a la conversión. A la muchedumbre que le pedía qué era necesario hacer, Juan responde:


"Si alguien tiene dos túnicas, que comparta con el que no tiene; si alguien tiene de qué comer que haga lo mismo”. Los recaudadores de impuestos también vinieron a hacerse bautizar y le preguntaron: “Maestro, ¿qué debemos hacer?". Les dice: "No exijáis más de lo que está fijado”. Los soldados le preguntaban: "Y nosotros, ¿qué debemos hacer?". Les dice: “No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas y contentaos con vuestra paga" (Luc 3. 10-14).


Es otra referencia que proyecta una luz particular sobre el nuevo espíritu que en adelante debe inspirar a quienes piden el bautismo de Juan. Se encuentran aquí elementos importantes para la conversión. El compartir, la honestidad en las tareas que se nos confían. Esta honradez no depende sólo de las exigencias del patrono, sino también en función de los clientes, de los accionistas, de los electores.

Todos sabemos que el sistema de competencia y beneficios no guarda siempre el escrúpulo de la honestidad como la primera de sus preocupaciones. Cada oficio, cada profesión encierra sus pequeños secretos que permiten redondear muchas facturas. Si de la noche a la mañana todo el mundo se negara a colaborar en estas astucias encaminadas a inflar las facturas, a aumentar indebidamente las rentas, nos encontraríamos rápidamente en un nuevo mundo, un mundo donde la palabra honradez recuperaría su sentido original. ¿La conversión no consiste, entre otras cosas, en negarse a todas estas marrullerías? A los soldados, algunos de los cuales habían participado quizá en la represión de los zelotas, les pide no hacer ni violencia ni extorsión a nadie. Por el contrario para el autor, el Bautismo de Juan Bautista "implica el reconocimiento de la falta y una solicitud de perdón para conocer el renacimiento..." (p.37). Algo que no se deduce como tal de los textos que enmarcan este Bautismo de Jesús.


Cabe preguntarse cómo este pasaje de los Evangelios sobre la conversión ha podido escaparse a un autor tan informado. Habría sido interesante contar, a la luz de este texto, con su análisis de las distintas recomendaciones de Juan Bautista. Entre otras cosas habría sido interesante oírle hablar del compartir, la honradez, la violencia.


SILENCIO SOBRE LA TEOLOGIA DE LIBERACION


Aunque se percibe que la teología de la liberación se encuentra detrás de algunas de las posturas adoptadas, no se dice ninguna palabra. La ocasión para discutirlo habría sido pertinente en el contexto de las reflexiones que el autor hace sobre el Reino de Dios. En esta sección, el autor resalta las distintas maneras de comprender, a lo largo de la historia, lo que significa este anuncio del Reino de Dios. Parece especialmente preocupado por la naturaleza de la manifestación de ese Reino en nuestro mundo. ¿Es la Iglesia en sus encuentros cultuales? ¿Es un Reino muy interior que se vive en la intimidad de una relación mística con Dios? ¿Es la llegada de un mundo de justicia y paz al cual todas las religiones se unirían sin por ello abandonar sus cultos propios?


Para las dos primeras hipótesis recurre a los distintos autores y a las opiniones desarrolladas sobre una u otra de ellas. En cuanto a la última hipótesis no se cita ni interpela a ningún autor. Esta hipótesis, la resume por otra parte así:


"El carácter central del Reino sería precisamente el corazón del mensaje de Jesús, y constituiría la vía que permitiría reunir finalmente las fuerzas positivas de la humanidad en la marcha hacia el futuro del mundo. "Reino" designaría, pues, simplemente un mundo donde reina la paz, la justicia, y donde se preserva la creación. No se trataría de nada más. Este "reino" debería instaurarse como finalidad de la historia (pp.74-75)."


Este enfoque, del que no se sabe de dónde procede, alcanza no obstante por algunos de sus enunciados las preocupaciones de la teología de la liberación. Hubiera sido importante que Joseph Ratzinger se tomara un tiempo para resumírnoslo y para comentarlo. De la misma manera, por otra parte, que hizo respecto a otros enfoques.


La presentación de este pensamiento habría aportado a esta meditación elementos interesantes que compartir, tanto más cuando es un pensamiento profundamente comprometido. Es un pensamiento fuertemente anclado en la realidad social, política y económica en la cual evolucionan, en dependencia y pobreza, más de dos tercios de la humanidad y con los cuales Cristo resucitado está manos a la obra. Habría sido iluminador que el autor precisara en qué se disocia de este pensamiento. Sabemos que varios de estos teólogos de la liberación han sido suspendidos, que algunos han sido condenados y otros asesinados. La gran mayoría de los que han sido reducidos al silencio por las autoridades vaticanas se quejan, por otra parte, de la mala fe con la cual se les hace decir lo que no dicen para apartarlos de sus tareas de enseñanza y de formación. Una carta muy emotiva de uno de ellos, Jon Sobrino, jesuita, dirigida al General de su orden, aborda ampliamente estas posturas acusatorias.


Todo esto viene a decir que la reflexión del autor era más pertinente cuando él mismo tuvo la oportunidad de dialogar con varios de ellos e, incluso, de sancionar unos cuantos de estos teólogos. No hay duda de que tal discusión lo habría aproximado a la realidad latinoamericana, el sujeto que se abstuvo de tratar directamente. ¿Sería para evitar las susceptibilidades de quienes desempeñan allí un papel dominante y cuyas actitudes conflictivas le habrían obligado a tomar postura? Si el juicio que emite en la página 75 particularmente se refiere a esta teología, hubiera sido importante que lo precisara. ¿Cuál es este juicio?


En una observación más atenta todo este razonamiento se revela como una habladuría utópica sin contenido real, a menos de postular sin decirlo que son las doctrinas partidarias las que deberán determinar el contenido de estos conceptos que cada uno será obligado a aceptar (p. 75).


Su aplicación explícita a la teología de la liberación daría a los autores promotores de ella la ocasión de responder precisando su propio pensamiento.


2. ANÁLISIS Y TOMAS DE POSTURA POLÍTICA Y SOCIAL


El autor, Joseph Ratzinger, nos sorprende por ciertos análisis de la realidad social, política y económica. Me permito resaltar los que sobresalen más.


Respecto al totalitarismo


"Tras la experiencia de los regímenes totalitarios, de la brutalidad con la que aplastaron a los hombres, se burlaron, esclavizaron, golpearon los débiles, estamos de nuevo en condiciones de comprender a los que tienen hambre y sed de justicia, redescubrimos el alma de los afligidos y su derecho a ser consolados (p. 119)."


Joseph Ratzinger se abstiene, en este apartado, de precisar a quién se refiere realmente. Sospechamos, evidentemente, que piensa en la exUnión Soviética y en sus satélites de Europa del Este. Sin embargo, más que decirlo explícitamente, para no dejar ninguna ambigüedad en el lector en cuanto a los regímenes y los sistemas aludidos, elige acogerse en el nombre genérico, el totalitarismo. Un lector atento podrá extender el alcance a los horrores del nazismo, del fascismo y de los regímenes militares represivos y sangrientos que marcaron la historia de América latina. No obstante, la mayor parte de los lectores comprenderá inmediatamente que se trata de los regímenes comunistas de la exUnión Soviética y de sus países satélites. Será sobre todo a los últimos a quienes se aplicarán los calificativos utilizados para destacar el carácter diabólico e inhumano del totalitarismo. Además, observando los horrores de este totalitarismo es cuando se es capaz "de comprender a los que tienen hambre y sed de justicia, de descubrir allí el alma de los que están en la aflicción y su derecho a ser consolados". El lector puede ser llevado sutilmente a aplicar a todos los regímenes socialistas "estos horrores" y hacer caso omiso de los "horrores" generados por otros regímenes también sangrientos.


Hay que lamentar que el autor no hubiera precisado más sus referencias al TOTALITARISMO, dejando al lector en manos de sus propios prejuicios. ¿No es injusto, en efecto, trasladar estas intenciones a quienes persiguen su desarrollo humano y colectivo en el marco del socialismo, como Cuba, Vietnam, China o incluso en el marco de un socialismo nuevo como es actualmente el caso de diversos países de América Latina? Esto no es una cuestión simple de matiz, sino, en este caso, de fondo.


Respecto al capitalismo


"Frente a los abusos del poder económico, frente a los actos de crueldad de un capitalismo que rebaja a los hombres al nivel de la mercancía, nuestros ojos se han abierto a los peligros que oculta la riqueza, y comprendemos de manera renovada lo que Jesús quería decir cuando advertía contra la riqueza, contra el dios Mammon que destruye al hombre y que estrangula, entre sus horribles garras rapaces, una gran parte del mundo (p. 120)."


Una vez trazados los efectos depravados del capitalismo y de la riqueza, el autor recorre vagamente y sin precisión las leyes que rigen este sistema y sobre sus principales actores y promotores. Benedicto XVI, evita hablar del liberalismo económico, de la actividad de las multinacionales y de los gobiernos que las sostienen. No son sin embargo legión los que tienen el poder de imponerse y de dictar las leyes al servicio de sus ambiciones y de sus intereses. Ninguna palabra sobre los regímenes militares de América latina sostenidos por este capitalismo. Causaron decenas de millares de muertos, centenas de millares de presos y torturados y varias centenas de millares de expatriados. Ninguna palabra de este tipo de totalitarismo como sí hace para la exUnión Soviética y sus satélites. Ninguna palabra sobre el Imperio estadounidense que se impone por todas partes en el Tercer Mundo para asegurar allí su hegemonía y el mejor aprovisionamiento de sus multinacionales. Aunque Dios esté muy presente en las distintes Administraciones de los EE.UU que se suceden –todos conocemos el “God bless America”—parece que no obstante, no tiene gran cosa que decir cuando es tiempo de hablar de intereses y de escoger medios para suprimir a quienes pueden llegar a ser unos obstáculos. Una mirada más amplia del autor sobre el conjunto de esta realidad habría permitido captar mejor la originalidad y la naturaleza de este capitalismo, siempre tan vivo y activo en el mundo y precisar la aportación de Jesús de Nazareth como fuerza de cambio.


Respecto a la alienación del hombre


"¿No es verdad que el hombre, esta criatura llamada hombre, a lo largo de su historia, es enajenado, brutalizado, explotado? La humanidad en su gran masa casi siempre vivió bajo la opresión. Y a la inversa, ¿los opresores son la verdadera imagen del hombre, o no dan más bien una imagen desnaturalizada, envilecedora? Karl Marx ha descrito de modo drástico "la alienación" del hombre […] ha dado una imagen muy concreta del hombre que cae en manos de bandidos (p. 224)."


En cuanto a la alienación, hay que concederle a Joseph Ratzinger el mérito de reconocer la profundidad de los análisis de Karl Marx. Se abstiene no obstante de hacer referencia a los regímenes que se inspiran en ellos y llegan a dar a su población más justicia, más dignidad y respeto. Hay que reconocer que el final de la Unión Soviética no puso término al socialismo y a los regímenes que se inspiran en los análisis de Marx. Diversas experiencias, de desigual valor, hay que reconocerlo, se prosiguen en regiones diversas del mundo para superar las alienaciones que retienen aún el pueblo en la ignorancia y la dependencia. Habría sido pertinente poner de relieve la contribución de Jesús de Nazareth en esta marcha del pueblo hacia su plena liberación. No cabe duda de que los comentarios del autor sobre estas nuevas realidades que suscitan muchos debates entre las jerarquías locales y los Gobiernos elegidos de estos países, habrían aportado una luz, seguramente refrescante y llena de esperanza, para estos pueblos en búsqueda de dignidad y respeto.


Respecto al Tercer Mundo


Hay dos pasajes que hablan del Tercer Mundo, pero cuyo sentido no converge del todo. El primero se encuentra en el marco de las tentaciones de Jesús en el desierto.


"Las ayudas de Occidente a los países en vías de desarrollo, fundadas sobre principios puramente técnicos y materiales, que no solamente han dado de lado a Dios, sino también han alejado a los hombres de Dios movidos por el orgullo de su pretendido saber, han hecho del Tercer Mundo el Tercer Mundo en sentido moderno (p.53)."


Para el lector informado, este análisis no corresponde en nada a las verdaderas causas del subdesarrollo. En primer lugar, si hay ayudas de Occidente a los países en vías de desarrollo, es mucho mayor el saqueo realizado por este mismo Occidente que se dice, sin embargo, portador de los valores cristianos. Decir que Dios no se encuentra allí, es negar la presencia misionera masiva en los países en vías de desarrollo al igual que el carácter cristiano de los países donde están presentes. ¿Acaso no tenemos derecho a preguntarnos de qué Dios se trata? ¿El Dios revelado en Jesucristo o un dios enajenador? La cuestión se plantea y debería hacernos reflexionar. Las observaciones de Benedicto XVI abren la puerta a esta clase de cuestiones.


El segundo texto, mucho más cerca de los análisis sociales, políticos y económicos del subdesarrollo nos reconcilia con el autor. Se encuentra en el marco de las reflexiones sobre la parábola del Buen Samaritano.


"Esta parábola es de una actualidad patente. Si la transponemos a escala internacional, vemos que estamos concernidos por los pueblos de África que se han despojado y saqueado. Vemos también hasta qué punto son nuestro "prójimo": nuestro método de vida, nuestra historia, en la que también estamos implicados, contribuyeron y contribuyen aún a su saqueo [...] Nosotros les hemos aportado el cinismo de un mundo sin Dios, donde la única cosa que importa, es el poder y el beneficio. Hemos destruidos la escala de valores morales de tal modo que la corrupción y la voluntad de poder sin escrúpulo terminen por imponerse como evidencias. Y África no es un caso aislado (p.223)."


En relación a este saqueo de los países del Tercer Mundo, el autor, aunque precisa que África no es un caso aislado, silencia completamente América latina como tal, una región que cuenta con el mayor número de católicos, y donde las fuerzas capitalistas y socialistas libran un combate encarnizado. Silencio tanto más llamativo cuando la Iglesia está muy comprometida allí. Los obispos y dignatarios eclesiásticos se alinean, en su conjunto, con las fuerzas del capital mientras que varios sacerdotes y cristianos se comprometen con los más pobres, se alinean con estos últimos. Habría sido interesante que el autor pusiera de relieve la contribución de la Iglesia a aquellos con quien Jesús se identifica: "Lo que hagáis al más pequeño de los míos, es a mi a quien lo haréis". Es sin duda en este contexto latino americano donde el autor habría podido desarrollar con mayor claridad su postura respecto a la teología de la liberación así como la sostenida por las jerarquías católicas y el Vaticano. El rostro de Jesús de Nazareth quedaría resaltado con mayor fuerza.


La respuesta de Benedicto XVI a todos estos males


Inspirándose en Ezequiel 9,4, el autor nos refiere "a estas personas que no se dejan arrastrar a hacerse cómplices de la injusticia que se ha convertido en algo natural, sino que, al contrario, la padecen. Incluso si no está en sus manos poder cambiar en su conjunto esta situación, ellos oponen al reino del mal la resistencia pasiva del sufrimiento, la tristeza que pone un límite al poder del mal" (p.108).


Hay obviamente materia para la reflexión. No pienso que Juan Pablo II haya adoptado la resistencia pasiva, tanto en Polonia contra el comunismo, como en América Latina frente a la teología de la liberación. En estos dos frentes, estaba de acuerdo con el Presidente Reagan y las administraciones que le sucedieron.

Actualmente los obispos de Venezuela no son muy propensos a la resistencia pasiva del sufrimiento. Son aliados de quienes pertenecen precisamente a este capitalismo salvaje cuyo cuadro nos bosqueja el autor. Es por otra parte el caso de la gran mayoría de los obispos de este Continente con los que las multinacionales y las Administraciones americanas pueden contar. La resistencia pasiva no está hecha precisamente para ellos.


No es el caso de los cristianos que mantienen los mayores presupuestos militares y que encienden por todo el mundo el fuego de la guerra. Por ejemplo el Sr. Bush, que ruega a Dios todos los días: el acoso de Cuba y el Bloqueo que mantiene en su contra no forman parte seguramente de la resistencia pasiva, igualmente que sus intervenciones en Irak y Oriente Medio.


Entonces, ¿a quién recomienda esta resistencia pasiva del sufrimiento? ¿Será, por casualidad, a los que son víctimas de estos imperios? ¿Se trata del reconocimiento de la fatalidad del derrotismo de dos tercios de la humanidad prisioneros entre "estas horribles garras de la rapacidad"? ¿Es ése el mensaje de Jesús y de la Iglesia a estos hombres y mujeres que sufren la explotación y el dominio? No podríamos aplicar desgraciadamente a las autoridades eclesiales de hoy la frase del autor ya citado sobre los saduceos:


"Las autoridades eclesiales, que." forman mayoritariamente parte de la aristocracia y la clase sacerdotal, se esfuerzan en vivir un cristianismo lúcido, conforme al modelo espiritual del tiempo, lejos de adaptarse a la dominación del imperio estadounidense."


¿Qué piensa el autor de los pueblos que deciden tomar en sus manos su destino y rechazar las fuerzas capitalistas que "rebajan a los hombres al rango de mercancías" como es el caso de Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y otros que caminan a pesar de los obstáculos? ¿No hay allí alternativas a la resistencia pasiva que permitan al hombre encontrar su dignidad e inspirarse en el respeto sin perder no obstante la fe y su comunión con el Cristo resucitado?


Estas luchas llevadas con coraje por una humanidad más justa, más respetuosa de los derechos de cada uno, ¿no son esa semilla en la tierra y esa levadura en la masa que llevan los dolores del parto del hombre nuevo? Esta referencia a la resistencia pasiva contrasta con el Jesús de los Evangelios que no dejó de llamar activamente a un cambio del orden de valores y a denunciar a quienes se refugian en cultos y costumbres sin participar realmente en el nacimiento de este hombre del que Cristo es el principio y la coronación. El mensaje de María a su prima Isabel no remite precisamente a la resistencia pasiva.


"Desplegó la fuerza de su brazo; dispersó a los hombres de pensamiento orgulloso; derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes; a los hambrientos, los colmó de bienes y a los ricos, los despidió con las manos vacías (Lc. 1, 51-55)."


CONCLUSIÖN


En esta obra sobre Jesús, hay silencios que hablan tanto como lo que se escribe allí. Estos silencios son tanto más significativos cuanto el autor, eminente teólogo de notable erudición, no puede fingir olvido o ignorancia.


Es cierto que el abordar de frente los textos referentes a los fariseos y los Grandes Sacerdotes le habría llevado a hacer una determinada autocrítica de la Iglesia institucional y a asumir los "mea culpa" inevitables. El silencio le permitió hacer caso omiso de esta autocrítica y mantener el rumbo de una Iglesia sostenida por la vida sacramental y dirigida por una élite sacerdotal.


Su silencio sobre la teología de la liberación y sobre América Latina le permitió evitar hablar del capitalismo estadounidense, del neoliberalismo y de las fuerzas que se enfrentan. Hablar le habría obligado a comprometerse respecto a las políticas intervencionistas de los Estados Unidos, sobre su capacidad de manipulación y explotación. Habría debido discutir sobre el socialismo del siglo XXI, hablar de Venezuela, Bolivia, del bloqueo de los EE.UU contra Cuba. Su silencio le ha permitido evitar todas estas cuestiones y no ensombrecer el Imperio y sus aliados cristianos en América Latina.


Sé que mis reflexiones y comentarios no son de agradables ni para el autor, ni para quienes le siguen por esta vía. Mi objetivo no es ciertamente agradar a cualquiera, sino comprender mejor el rostro humano de Jesús de Nazareth en el mundo de hoy.


Pienso que una vuelta al relato del Juicio Final (Mt 25,31-46) que el autor aborda (p.356), sin realmente comentarlo en sí mismo, sería apropiada para abrirnos a lo más esencial del nuevo orden de valores aportado por Jesús a la humanidad entera.


os.fortin@sympatico.ca http://humanisme.overblog.com/
Traducción del francés al español realizada por los servicios de ATRIO

dimanche 19 août 2007

SOMMET DE MONTEBELLO

MONTEBELLO ET LA DÉMOCRATIE

La rencontre, cette semaine, à Montebello, Canada, des Présidents du Mexique, des États-Unis et du Premier ministre du Canada, en présence de leurs mentors économiques, donnera lieu à des échanges secrets et à des décisions transcendantes par rapport à la souveraineté et à l’indépendance du Canada, entre autres, sur ses richesses naturelles dont l’eau. Pareille situation pose évidemment la question de la démocratie, ce pouvoir qu’a le peuple sur ses institutions et sur les prérogatives de sa constitution.

Le gouvernement minoritaire de Stephen Harper ne dispose actuellement d’aucun mandat du peuple canadien pour prendre quelque décision que ce soit sur ces questions. Il est donc important que les partis d’opposition et les canadiens dans leur ensemble ouvrent le débat sur la nécessité de consulter les canadiens par voie référendaire chaque fois que des questions importantes, touchant leur indépendance et leur souveraineté, sont débattues. Il pourrait en être de même pour toute décision visant l’engament du Canada dans des guerres offensives comme c’est actuellement le cas en Afghanistan. Ce serait d’autant plus facile que le Parlement canadien dispose maintenant d’une loi référendaire qui permet d’encadrer pareille consultation.

Les vrais démocrates ne peuvent qu’applaudir à pareille initiative et s’en faire les défenseurs. M. Harper lui-même, grand promoteur de la démocratie en Afghanistan, donnerait ainsi un signal sans équivoque du type de démocratie dont le Canada se fait le promoteur et le défenseur dans le monde: une démocratie où le peuple est vraiment aux commandes de son destin.

De grâce n’attendons pas un prochain référendum sur l’avenir du Québec pour mettre à l’épreuve la loi canadienne sur les référendums. L’avenir du Canada est un enjeu autrement plus important pour le peuple canadien.

Oscar Fortin
19 août 2007

dimanche 22 juillet 2007

JÉSUS DE NAZARETH DE BENOÎT XVI:SES SILENCES ET SES PRISES DE POSITION



Nous pouvons appliquer à l’ensemble de l’ouvrage de Joseph Ratzinger le constat que lui-même a mis de l’avant à l’effet que les différents courants d’interprétation du « Royaume de Dieu » reposent sur les postulats et la vision fondamentale de la réalité de chaque exégète. (p.80) Il ne fait aucun doute que l’auteur de JÉSUS DE NAZARETH n’échappe pas à ce conditionnement. Déjà sa longue trajectoire à la Curie romaine et celle, toute particulière, à la tête de la Congrégation de la Doctrine de la Foi, nous révèlent certains ancrages philosophiques, théologiques et idéologiques qui le suivront tout au long de cette longue méditation. Ses silences sur certains textes et l’agencement de certains autres ne seront pas sans pointer quelques unes de ces orientations. Il ne fait pas de doute que les mêmes méditations réalisées par Don Elder Camara, vivant au milieu des quartiers pauvres du Brésil, ou par Mgr Oscar Romero, engagé au service d’un peuple persécuté au Salvador, ou par le père Ernesto Cardenal, curé dans un milieu défavorisé au Nicaragua ou encore l’abbé Pierre vivant avec ses sans abris dans les quartiers pauvres de Paris seraient fort différentes de celles que nous retrouvons dans les méditations de Joseph Ratzinger. Ce serait pourtant, dans tous les cas, à partir de ce même Jésus dont nous parlent les Évangiles.

Plus académique que pastorale, plus christologique qu’historique, l’ouvrage est traversé par une préoccupation fondamentale, celle de tout recentrer sur Dieu le Père auquel Jésus nous renvoie par sa personne divine et son obéissance jusqu’à la mort sur la croix. L’auteur nous dit que Jésus est l’actualisation de la Torah (loi) et, qu’en lui, se trouve la justice et « l’acceptation de l’entière volonté de Dieu, la volonté de prendre sur soi le « joug du royaume de Dieu » (p »37). L’Église cultuelle est la prolongation dans le temps de cette acceptation de Jésus et du royaume de Dieu dont il est l’incarnation.

Dans la présente réflexion je voudrais m’en tenir à deux aspects qui me semblent significatifs quant aux orientations fondamentales de l’auteur : d’abord ses silences sur certains textes et courants de pensée théologique puis ses prises de position et ses silences sur certaines questions relatives à l’engagement social et politiques des chrétiens.


SES SILENCES SUR CERTAINS TEXTES ET COURANTS DE PENSÉE THÉOLOGIQUE

Dans le récit du Baptême de Jésus, on peut noter l’absence de trois références, pourtant importantes et de nature à jeter un éclairage particulier sur l’arrivée de ce Jésus et de sa mission au cœur de cette humanité à laquelle nous appartenons tous.
Il y a d’abord cette première rencontre de Jésus avec Jean-Baptiste au moment de la visite de Marie à sa cousine Élisabeth. Cette dernière, enceinte de Jean Baptiste, en entendant la salutation de Marie, sentit l’enfant bondir dans son sein et elle fut remplie de l’Esprit Saint. «Bienheureuse celle qui a cru : ce qui lui a été dit de la part du Seigneur s’accomplira. » Alors Marie dit :

« …Il est intervenu de toute la force de son bras; il a dispersé les hommes à la pensée orgueilleuse; il a jeté les puissants à bas de leurs trônes et il a élevé les humbles; les affamés, il les a comblés de biens et les riches, il les a renvoyés les mains vides. » (Lc. 1, 51-55)

Il s’agit d’un extrait d’un cantique (le Magnificat) que les catholiques ont l’habitude de chanter à l’occasion de célébrations joyeuses. Dans le contexte social de l’époque où, selon les donnés de l’auteur (p.96), 90% des habitants de la région faisaient partie de la classe des pauvres, cette exclamation prophétique de Marie ne tombait pas dans l’oreille de sourds. L’ordre du monde, mis en place par les rois, les empereurs et souvent soutenu ou toléré par les grands prêtres, n’était pas celui voulu par Dieu. C’est dans ce contexte que les « zélotes », ces révolutionnaires du temps de Jésus, voulurent changer cet ordre des choses et que les « esséniens » se sont détournés du temple d’Hérode pour former des communautés familiales et monastiques dans le désert (p32-33). L’arrivée de Jésus apporte donc une nouvelle espérance quant à l’avènement prochain d’un ordre nouveau dans le monde. Sa vie et sa mission en préciseront la nature. Une première référence, donc, pas du tout anecdotique, qu’il eût été important de relever pour mieux faire comprendre la suite de la mission de Jésus dans le monde. Selon ce texte le monde politique et économique est pris en compte. En effet, lorsque l’on jette les puissants en bas de leur trône et que l’on renvoie les riches les mains vides, ce n’est pas tout à fait neutre politiquement et économiquement. Il y a quelque chose qui change dans l’organisation des relations des groupes et des personnes. L’auteur a plutôt choisi, dans ce cas-ci, de s’en tenir à l’Évangéliste Jean (1,31-33) qui fait dire au Baptiste, en parlant de Jésus, « qu’il ne le connaissait pas » (p.34).

La seconde rencontre se passe, une trentaine d’années plus tard, au Jourdain. Là, on y retrouve un Jean Baptiste qui ne mâche pas ses mots à l’endroit de beaucoup de Pharisiens et de Sadducéens qui venaient pour se faire baptiser :

« Engeance de vipères, qui vous a montré le moyen d’échapper à la colère qui vient? Produisez donc du fruit qui témoigne de votre conversion ; et ne vous avisez pas de dire en vous-même: « Nous avons pour père Abraham ». Car je vous le dis, des pierres que voici, Dieu peut en susciter des enfants à Abraham. Déjà la hache est prête à attaquer la racine des arbres; tout arbre qui ne porte pas de bon fruit va être coupé et jeté au feu. » (Mt.3, 7-10)
Ce passage n’est évidemment pas tendre à l’endroit de ces gens qui se réclament de la foi en Abraham, mais qui ne vivent que de cultes et des apparats derrières lesquels se cache beaucoup d’hypocrisie. Le baptême de Jean fait donc appel dans un premier temps au dépouillement complet de ces artifices et dans un second temps à une manière nouvelle de vivre. Encore là une nouvelle échelle de valeurs s’impose. Pourtant lorsqu’on lit les commentaires de l’auteur à l’endroit de ces deux groupes, le lecteur peut facilement constater qu’il les couvre d’une certaine compréhension. De fait, ne sont-ils pas pour le Sanhédrin ce que l’auteur et les hiérarchies sont pour l’Église? La tentation de transposer ces invectives sur les grands prêtres et les docteurs de la loi d’aujourd’hui n’est pas tout à fait illusoire. L’auteur en sait sûrement quelque chose.

« Les sadducéens, qui font majoritairement partie de l’aristocratie et de la classe sacerdotale, s’efforcent de vivre un judaïsme éclairé, conforme au model spirituel de l’époque, et partant de s’adapter à la domination romaine… Le mode de vie des pharisiens trouvera une incarnation durable dans le judaïsme imprégné par la Mishna et le Talmud… Il ne faut pas oublier que les gens qui sont allés vers le Christ provenaient d’horizon très divers et que la communauté chrétienne primitive comprenait aussi beaucoup de prêtres et d’anciens pharisiens. » (p.33)

Les Zélotes, pour leur part, ne bénéficient pas d’autant de compassion de sa part. « Ces derniers ne refusent ni la terreur, ni la violence pour restaurer la liberté d’Israël. (Par contre) Les pharisiens (…) tentent de leur côté de mener une vie d’observance stricte des préceptes de la Torah…».32) À plusieurs reprises Jésus est confronté avec ces gens qui tentent de toutes les manières à le piéger. Ce n’est pas pour rien qu’il leur consacre pratiquement un chapitre complet, peu de temps avant d’être condamné par ces mêmes gens à mourir sur la croix. Il n’y va pas avec des gants blancs, de quoi mettre en évidence le sérieux du sujet traité et son impact sur la communauté des croyants. Joseph Ratzinger n’en souffle aucun mot même s’il comporte des précisions essentielles sur « la véritable volonté du Père ». Je me permettrai d’en citer que quelques extraits. Il faut rappeler que c’est le Fils de Dieu lui-même qui parle, celui-là même qui sera appelé à juger le monde:

«
Malheur à vous, scribes et Pharisiens hypocrites, qui fermez aux hommes le Royaume des Cieux ! Vous n'entrez certes pas vous-mêmes, et vous ne laissez même pas entrer ceux qui le voudraient !

« Malheur à vous, scribes et Pharisiens hypocrites, qui parcourez mers et continents pour gagner un prosélyte, et, quand vous l'avez gagné, vous le rendez digne de la géhenne deux fois plus que vous !

« Malheur à vous, scribes et Pharisiens hypocrites, qui acquittez la dîme de la menthe, du fenouil et du cumin, après avoir négligé les points les plus graves de la Loi, la justice, la miséricorde et la bonne foi ; c'est ceci qu'il fallait pratiquer, sans négliger cela » (Mt.23, 1-33).

Si Jésus s’est attardé tellement sur ce point en y revenant aussi souvent, plus souvent, en tout cas, que sur bien d’autres questions comme la sexualité, le culte et même la richesse, c’est que c’était important. Alors, comment expliquer que l’auteur n’ait pas relevé et commenté ces déclarations de Jésus dans cet ouvrage dont l’objectif est justement de nous présenter sa personne et son message?

Les commentaires de l’auteur sur cet aspect de la personnalité de Jésus et de l’importance que ce dernier accorde à cette question auraient sûrement éclairé le lecteur. Ils auraient permis à l’auteur de faire une autocritique des docteurs de la loi d’aujourd’hui et d’indiquer, comme l’ont fait Jean-Baptiste et Jésus, la nature de la véritable conversion à laquelle ils doivent s’astreindre. Je pense que tout lecteur aurait été, tout à la fois, attentif à cette analyse et indulgent à certains « mea culpa » réclamés par le Baptême de Jean et les invectives de Jésus.

L’auteur choisit plutôt d’ignorer ces deux passages et de s’en prendre plutôt aux « zélotes » qui se font promoteurs de violence et de terreur. À leur défense on peut toutefois noter que si le soulèvement des zélotes, repoussé par les soldats romains, s’est terminé dans un bain de sang dont ils furent les victimes, ils n’ont pas fait l’objet de réprimandes de la part de Jean-Baptiste, comme ce fut le cas pour les pharisiens et les sadducéens.

Le troisième texte qui fut passé sous silence est justement celui qui porte sur la conversion. À la foule qui lui demandait ce qu’il fallait faire, Jean répond :

« Si quelqu’un a deux tuniques, qu’il partage avec celui qui n’en a pas; si quelqu’un a de quoi manger qu’il fasse de même. » Des collecteurs d’impôts aussi vinrent se faire baptiser et lui dirent : « Maître que nous faut-il faire? » Il leur dit : « N’exigez rien de plus que ce qui vous a été fixé. » Des militaires lui demandaient : « Et nous, que nous faut-il faire? Il leur dit : « Ne faites ni violence ni tort à personne, et contentez-vous de votre solde. » (Luc 3. 10-14)

C’est là une autre référence qui jette une lumière particulière sur le nouvel esprit qui doit dorénavant inspirer ceux et celles qui se réclament du baptême de Jean. On y trouve des éléments importants sur la conversion. Le partage, l’honnêteté dans les tâches qui nous sont confiées. Cette honnêteté n’est pas seulement en fonction des exigences de l’employeur, mais également à l’endroit des clients, des actionnaires, des électeurs. Nous savons tous que le système de la concurrence et des rendements n’a pas toujours le scrupule de l’honnêteté en tête de liste de ses préoccupations. Chaque métier, chaque profession comporte ses petits secrets qui permettent d’arrondir bien des factures. Si du jour au lendemain chaque personne se refusait à collaborer à ces astuces qui visent à gonfler les factures, à augmenter indûment les revenus, on se retrouverait vite dans un nouveau monde, un monde où le mot honnêteté reprendrait de son sens originel. La conversion n’est-ce pas, entre autres, se refuser à toutes ces tricheries ? Aux soldats, dont certains avaient peut-être participé au refoulement des zélotes, il leur dit de ne faire ni violence ni tord à personne. Par contre pour l’auteur, le Baptême de Jean Baptiste « implique la reconnaissance de la faute et une demande de pardon pour connaître le renouveau… (p.37). Un aspect qui ne ressort pas comme tel dans les textes qui encadrent ce Baptême de Jésus.

On peut se demander comment ce passage des Évangiles sur la conversion a pu échapper à un auteur aussi averti. Il eût été intéressant d’avoir, à la lumière de ce texte, son analyse sur les diverses recommandations de Jean Baptiste. Il eut été, entre autres, intéressant de l’entendre sur la question du partage, de l’honnêteté, de la violence.

SILENCE SUR LA THÉOLOGIE DE LIBÉRATION

Même si l’on sent que la théologie de libération se retrouve derrière certaines prises de position, il n’en dit aucun mot. C’est dans le contexte des réflexions que l’auteur apporte sur le Royaume de Dieu que l’occasion d’en discuter eût été particulièrement pertinente. Dans cette section, l’auteur fait ressortir les diverses façons de comprendre, à travers l’histoire, ce que veut dire cette annonce du Royaume de Dieu. Il semble particulièrement préoccupé par la nature de la manifestation de ce Royaume dans notre monde. Est-ce l’Église dans ses rencontres cultuelles? Est-ce un Royaume tout intérieur qui se vit dans l’intimité d’une relation mystique avec Dieu? Est-ce l’avènement d’un monde de justice et de paix auquel toutes les religions se joindraient sans pour autant abandonner leurs cultes propres ? Pour les deux premières hypothèses il fait appel aux divers auteurs et aux opinions qu’ils ont développés sur l’une ou l’autre d’elles. Quant à la dernière hypothèse aucun auteur n’est cité ou interpellé. Cette hypothèse, il la résume d’ailleurs ainsi :

« Le caractère central du Royaume aurait été précisément le cœur du message de Jésus, et constituerait la voie juste permettant de réunir enfin les forces positives de l’humanité dans la marche vers l’avenir du monde. « Royaume » désignerait alors simplement un monde où règne la paix, la justice, et où la création est préservée. Il ne s’agirait de rien d’autre. Ce « royaume » devrait être instauré en tant que finalité de l’histoire. » (pp.74-75)

Cette approche, dont on ne sait d’où elle vient, rejoint toutefois par certains de ses énoncés les préoccupations de la théologie de libération. Il eut été important que Joseph Ratzinger prenne le temps de nous la résumer et de la commenter comme telle. De la même manière, d’ailleurs, qu’il l’a fait pour les autres approches.

La présentation de cette pensée aurait apporté à cette méditation des éléments intéressants à partager, d’autant plus, qu’elle est profondément engagée. C’est une pensée très ancrée dans la réalité sociale, politique et économique dans laquelle évoluent, dans la dépendance et la pauvreté, plus des deux tiers de l’humanité et avec lesquels le Christ ressuscité est à l’œuvre. C’eut été éclairant que l’auteur nous précise en quoi il se dissocie de cette pensée. Nous savons que plusieurs de ces théologiens ont été suspendus, que certains autres ont été condamnés et d’autres assassinés. La grande majorité de ceux qui ont été réduits au silence par les autorités vaticane se plaint, d’ailleurs, de la mauvaise foi avec laquelle on leur fait dire ce qu’ils ne disent pas comme pour mieux les soustraire à leurs tâches d’enseignement et de formation. Une lettre, fort émouvante de l’un d’eux, le père Jon Sobrino, jésuite, à son Supérieur général, en dit long sur ces mises en accusation.
(
http://www.alterinfos.org/spip.php?article1050)

Tout ceci pour dire qu’une réflexion de l’auteur s’avérait d’autant plus pertinente qu’il a eu lui-même l’opportunité d’échanger avec plusieurs d’entre eux et, même, d’en sanctionner un certain nombre. Il ne fait aucun doute qu’une telle discussion l’aurait entraîné sur la réalité Latino Américaine, sujet qu’il s’est bien gardé de toucher directement. Serait-ce pour ménager certaines susceptibilités de ceux qui y jouent un rôle dominant et dont les éléments de conflits l’auraient obligé à certaines prises de position? Si le jugement qu’il émet à la page 75 vise particulièrement cette théologie, il eût été important qu’il le précise. Quel est ce jugement?

« À une observation plus attentive tout ce raisonnement s’avère être un bavardage utopique sans contenu réel, à moins de postuler sans le dire que ce sont les doctrines partisanes qui devront déterminer le contenu de ces concepts que chacun sera obligé d’accepter. » (p.75)

Son application explicite à la théologie de la libération donnerait aux auteurs qui s’en font les promoteurs l’occasion d’y répondre en précisant leur propre pensée.


ANALYSES ET PRISES DE POSITION POLITIQUE ET SOCIALE

L’auteur, Joseph Ratzinger, nous surprend par certaines analyses de la réalité sociale, politique et économique. Je me permets de relever celles qui ressortent le plus.

· AU SUJET DU TOTALITARISME

« Après l’expérience des régimes totalitaires, de la brutalité avec laquelle ils ont écrasé les hommes, raillé, asservi, frappé les faibles, nous sommes à nouveau à même de comprendre ceux qui ont faim et soif de justice, nous redécouvrons l’âme de ceux qui sont dans l’affliction et leur droit à être consolés » (p.119).

Joseph Ratzinger se garde bien, dans cet énoncé, de préciser à qui vraiment il se réfère. On soupçonne, évidemment, qu’il pense à l’ex Union Soviétique et à ses satellites de l’Europe de l’Est. Cependant, plutôt que de le dire explicitement, de manière à ne laisser aucune ambigüité au lecteur quant aux régimes et systèmes visés, il choisit de s’en tenir au terme générique, le Totalitarisme. Le lecteur avisé pourra en étendre la portée aux horreurs du nazisme, du fascisme et de ces régimes militaires répressifs et sanglants qui ont marqué l’histoire de l’Amérique latine. Toutefois la grande majorité des lecteurs comprendront immédiatement qu’il s’agit des régimes communistes de l’ex Union Soviétique et de ses pays satellites. Ce sera surtout à ces derniers que les qualificatifs utilisés pour faire ressortir le caractère diabolique et inhumain du totalitarisme s’appliqueront. C’est d’ailleurs en observant les horreurs de ce totalitarisme qu’il est à même « de comprendre ceux qui ont faim et soif de justice, d’y découvrir l’âme de ceux qui sont dans l’affliction et leur droit à être consolés ». Le lecteur peut être entraîné subtilement à transposer sur tous les régimes socialistes « ces horreurs » et passer outre aux « horreurs » générées par d’autres régimes tout aussi sanglants.

Il faut déplorer que l’auteur n’ait pas précisé davantage ses références au TOTALITARISME, laissant ainsi le lecteur à ses propres préjugés. Ne serait-il pas injuste, en effet, de transposer ces propos à ceux qui poursuivent leur développement humain et collectif dans le cadre du socialisme, comme Cuba, le Vietnam, la Chine, ou encore dans le cadre d’un socialisme nouveau comme c’est actuellement le cas dans divers pays de l’Amérique Latine.? Ce n’est pas une simple question de nuance, mais, dans ce cas-ci, de substance.

· AU SUJET DU CAPITALISME

« Face aux abus du pouvoir économique, face aux actes de cruauté d’un capitalisme qui ravale les hommes au rang de marchandise, nos yeux se sont ouverts sur les dangers que recèle la richesse, et nous comprenons de manière renouvelée ce que Jésus voulait dire quand il mettait en garde contre la richesse, contre le dieu Mammon qui détruit l’homme et qui étrangle, entre ses horribles serres de rapace, une grande partie du monde. » (p.120)

Une fois tracés les effets pervers du capitalisme et ceux de la richesse, l’auteur demeure vague et sans précision sur les lois qui régissent ce système et sur ceux qui en sont les principaux acteurs et promoteurs. Benoît XVI, se garde bien de parler du libéralisme économique, de l’action des multinationales et des gouvernements qui les soutiennent. Ils ne sont pourtant pas légions ceux qui ont le pouvoir de s’imposer et de faire la loi au service de leurs ambitions et de leurs intérêts. Pas un mot des régimes militaires, mis en place en Amérique latine et soutenus par ce capitalisme. Ils ont fait des dizaines de milliers de morts, des centaines de milliers de prisonniers et de torturés et plusieurs centaines de milliers d’expatriés. Pas un mot de ce type de totalitarisme comme il l’a fait pour l’ex-Union soviétique et ses satellites. Pas un mot de l’Empire étasunien qui s’impose un peu partout dans le Tiers Monde pour y assurer son hégémonie et le meilleur approvisionnement de ses multinationales. Bien que Dieu soit bien présent dans les diverses Administrations étasuniennes qui se succèdent, nous connaissons tous le « God bless America », ce dernier n’a pas grand-chose à dire lorsque vient le temps de parler d’intérêts et de moyens à prendre pour écarter ceux qui peuvent en devenir des obstacles. L’élargissement de la vision de l’auteur sur l’ensemble de cette réalité aurait permis de mieux saisir l’originalité et la nature de ce capitalisme, toujours aussi vivant et actif dans le monde et de préciser l’apport de Jésus de Nazareth comme force de changement.

· AU SUJET DE L’ALIÉNATION DE L’HOMME

« N’est-il pas vrai que l’homme, cette créature appelée homme, tout au long de son histoire, est aliéné, brutalisé, exploité? L’humanité dans sa grande masse a presque toujours vécu sous l’oppression. Et inversement, les oppresseurs sont-ils la vraie image de l’homme, ou n’en donnent-ils pas plutôt une image dénaturée, avilissante? Karl Marx a décrit de façon drastique « l’aliénation » de l’homme. (…) Il a livré une image très concrète de l’homme qui tombe aux mains de bandits » (p.224).

Sur l’aliénation, il faut donner à Joseph Ratzinger le mérite de reconnaître la profondeur des analyses de Karl Marx. Il s’abstient toutefois de faire référence à ces régimes qui s’en inspirent et parviennent à donner à leur population plus de justice, plus de dignité et de respect. Il faut bien reconnaître que la fin de l’Union Soviétique n’a pas mis un terme au socialisme et aux régimes qui s’inspirent des analyses de Marx. Diverses expériences, d’inégales valeurs, il faut le reconnaître, se poursuivent dans diverses régions du monde pour vaincre les aliénations qui retiennent encore les peuples dans l’ignorance et la dépendance. Il eut été pertinent de mettre en évidence l’apport de Jésus de Nazareth dans cette marche des peuples vers leur pleine libération. Il ne fait aucun doute que les commentaires de l’auteur sur ces nouvelles réalités qui soulèvent bien des débats entre les hiérarchies locales et les gouvernements élus de ces pays, auraient apporté un éclairage, sans doute rafraichissant et plein d’espérance pour ces peuples en quête de dignité et de respect.

· AU SUJET DU TIERS MONDE

Il y a deux passages qui parlent du Tiers Monde, mais dont le sens ne converge pas du tout. Le premier se trouve dans le cadre des tentations de Jésus au désert.

«Les aides de l’Occident aux pays en voie de développement, fondées sur des principes purement techniques et matériels, qui non seulement ont laissé Dieu de côté, mais ont encore éloigné les hommes de Dieu par l’orgueil de leur prétendu savoir, ont fait du Tiers Monde le Tiers Monde au sens moderne. » (p.53)

Pour le lecteur averti, cette analyse ne correspond en rien aux véritables causes du sous développement. D’abord, s’il y a des aides de l’Occident aux pays en voie de développement, il y a en quantité beaucoup plus élevée du pillage réalisé par ce même Occident qui se dit, pourtant, porteur des valeurs chrétiennes. Dire que Dieu n’y est pas, c’est nier cette présence missionnaire massive dans les pays en voie de développement tout comme le caractère chrétien des pays qui s’y font présents. Autrement, ne serions-nous pas en droit de nous demander, alors, de quel Dieu s’agit-il? Était-ce le Dieu révélé en Jésus-Christ ou un dieu d’aliénation? La question se pose et devrait nous faire réfléchir. Les propos de Benoît XVI ouvrent la porte à ce genre de question.

Le second, beaucoup plus près des analyses sociales, politiques et économiques du sous développement nous réconcilie avec l’auteur. On la retrouve dans le cadre des réflexions sur la parabole du Bon Samaritain.

« Cette parabole, est d’une actualité patente. Si nous la transposons à l’échelle internationale, nous voyons que nous sommes concernés par les peuples d’Afrique que l’on dépouille et que l’on pille. Nous voyons aussi à quel point ils sont notre « prochain » : notre mode de vie, notre histoire, dans lesquelles nous sommes aussi impliqués, ont encouru et concourent encore à leur pillage(…) Nous leur avons apporté le cynisme d’un monde sans Dieu, où la seule chose qui importe, c’est le pouvoir et le profit. Nous avons détruit l’échelle des valeurs morales de sorte que la corruption et la volonté de pouvoir sans scrupule finissent par s’imposer comme des évidences. Et l’Afrique n’est pas un cas isolé (p.223). »

En relation à ce pillage des pays du Tiers Monde, l’auteur, bien qu’il précise que l’Afrique n’est pas un cas isolé, passe complètement sous silence l’Amérique latine comme telle, région qui compte le plus grand nombre de catholiques, et où les forces capitalistes et socialistes se livrent un combat acharné. Silence d’autant plus remarqué que l’Église y est fortement engagé. Les évêques et dignitaires ecclésiastiques se rangent, dans leur ensemble, avec les forces du capital alors que plusieurs prêtres et chrétiens engagés avec les plus pauvres, avec les forces du peuple. Il eut été intéressant que l’auteur mette en évidence l’apport de l’Église au service de ceux avec lesquels Jésus s’identifie : « ce que vous ferez au plus petit des miens c’est à moi que vous le ferez ». C’est sans doute dans ce contexte latino américain que l’auteur aurait pu développer avec encore plus de clarté sa position concernant la théologie de libération ainsi que celle prônée par les hiérarchies catholiques et le Vatican. Le visage de Jésus de Nazareth en serait ressorti avec encore plus de force.

LA RÉPONSE DE BENOÎT XVI À TOUS CES MAUX

S’inspirant d’Ézéquiel 9, 4, l’auteur nous réfère «
à ces personnes qui ne se laissent pas entraîner à se faire complices de l’injustice devenue naturelle, mais qui au contraire en souffrent. Même s’il n’est pas en leur pouvoir de changer dans son ensemble cette situation, ils opposent au règne du mal la résistance passive de la souffrance, la tristesse qui assigne une limite au pouvoir du mal » (p.108).

Il y a évidemment matière à réflexion. Je ne pense pas que la résistance passive ait été celle adoptée par Jean-Paul II, tant en Pologne, contre le communisme, qu’en Amérique latine, contre la théologie de libération. Sur ces deux fronts, il était de mèche avec le Président Reagan et les administrations qui lui ont succédé.
(
http://humanisme.over-blog.com/article-235431.html ).

Le portrait du capitalisme que l’auteur nous communique de même que celui du pillage du Tiers-Monde, dont l’Amérique Latine est victime, n’ont pas pesé bien fort sur le choix des alliés. Actuellement les évêques du Venezuela ne sont pas beaucoup enclins à la résistance passive de la souffrance. Ils sont des alliés de ceux qui appartiennent justement à ce capitalisme sauvage dont l’auteur nous brosse le tableau. C’est d’ailleurs le cas de la grande majorité des évêques de ce Continent sur lesquels les multinationales et les Administrations américaines peuvent compter. La résistance passive n’est certainement pas pour eux.
(
http://humanisme.over-blog.com/article-1092941.html )

Elle n’est pas non plus pour ces chrétiens qui ont les plus gros budgets militaires et qui allument un peu partout dans le monde le feu de la guerre. Ce n’est sûrement pas le cas de M. Bush, pourtant très près de Dieu qu’il prie tous les jours. Le harcèlement contre Cuba et ce Blocus qu’il maintient à l’encontre de tous, n’est surement pas de la résistance passive, pas plus d’ailleurs pour ses interventions en Irak et au Moyen Orient dans son ensemble. Il en va de même pour Israël qui ne se replie pas sur la résistance passive pour contrer le droit du peuple Palestinien à sa terre.
(
http://humanisme.over-blog.com/article-3088818.html )

Alors, à qui s’adresse cette résistance passive de la souffrance? Serait-elle, par hasard, pour ceux qui sont victimes de ces empires? S'agit-il d’une reconnaissance de la fatalité d’un défaitisme pour ces deux tiers de l’humanité prisonniers entre « ces horribles serres de rapace »? Est-ce là le message de Jésus et de l’Église à ces hommes et femmes qui souffrent l’exploitation et la domination? Les autorités ecclésiales ne seraient-elles pas devenues comme les sadducéens que vous décrivez à la page 33 de votre livre et que nous pourrions transposer pour notre temps?

« Les autorités ecclésiales, qui font majoritairement partie de l’aristocratie et de la classe sacerdotale, s’efforcent de vivre un christianisme éclairé, conforme au model spirituel de l’époque, et partant de s’adapter à la domination de l’empire étasunien. »


Que pense l’auteur des peuples qui décident de reprendre leur destin en main et de repousser les forces capitalistes qui « ravalent les hommes au rang de marchandises » comme c’est le cas avec la Bolivie, le Venezuela, l’Équateur, le Nicaragua et d’autres qui s’y dirigent en dépit des obstacles rencontrés? N’y a-t-il pas là des alternatives à la résistance passive permettant à l’homme de retrouver sa dignité et d’inspirer du respect sans perdre pour autant la foi et sa communion avec le Christ ressuscité? Ces luttes menées avec courage pour une humanité plus juste, plus respectueuse des droits de chacun ne sont-elles pas cette semence en terre et ce levain dans la pâte qui portent les douleurs de l’enfantement de l’homme nouveau? Cette référence à la résistance passive contraste avec ce Jésus des Évangiles qui n’a cessé d’appeler activement à un changement de l’ordre des valeurs et à dénoncer ceux et celles qui se réfugient dans des cultes et des coutumes sans participer vraiment à la naissance de cet homme dont le Christ est le principe et le couronnement. Le message laissé par Marie à sa cousine Élisabeth ne renvoie pas tellement à la résistance passive.

« …Il est intervenu de toute la force de son bras; il a dispersé les hommes à la pensée orgueilleuse; il a jeté les puissants à bas de leurs trônes et il a élevé les humbles; les affamés, il les a comblés de biens et les riches, il les a renvoyés les mains vides. » (Lc. 1, 51-55


CONCLUSION

Dans cet ouvrage sur Jésus, il y a des silences qui parlent tout autant que ce qui y est écrit. Ces silences sont d’autant plus significatifs que l’auteur, éminent théologien, doublé d’une érudition remarquable, ne peut feindre l’oubli ou l’ignorance.

Il est certains qu’en abordant de front les textes portant sur les pharisiens et les Grand Prêtres il eut été conduit à faire une certaine autocritique de l’Église institutionnelle et d’en assumer les « mea culpa » inévitables. Le silence lui a permis de passer outre à cette autocritique et de maintenir le cap sur une Église portée par la vie sacramentelle et dirigée par une élite sacerdotale.

Son silence sur la théologie de la libération et sur l’Amérique latine lui a permis d’éviter de parler du capitalisme étasunien, du néo-libéralisme et des forces qui s’affrontent. En parler l’aurait obligé à se commettre sur les politiques interventionnistes des États-Unis, sur leur force de manipulation et d’exploitation. Il aurait dû discuter du socialisme du vingt et unième siècle, parler du Venezuela, de la Bolivie, du blocus étasunien contre Cuba. Son silence lui a permis d’éviter toutes ces questions et de ne pas offusquer l’Empire et ses alliés chrétiens en Amérique Latine.

Je sais que mes réflexions et commentaires ne sont pas de nature à plaire ni à l’auteur, ni à ceux qui le suivent sur cette voie. Mon objectif n’est sûrement pas de plaire à qui que ce soit, mais à mieux comprendre le visage humain de Jésus de Nazareth dans le monde d’aujourd’hui.

Je pense qu’un retour sur le récit du jugement dernier (Mt 25,31-46) que l’auteur aborde (p.356), sans vraiment le commenter en lui-même, serait de nature à nous ouvrir à ce qu’il y a de plus essentiel dans le nouvel ordre de valeurs apporté par Jésus à l’humanité toute entière.

Oscar Fortin
21 juillet 2007

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dimanche 8 juillet 2007

BENOÎT XVI ET JÉSUS DE NAZARETH (Partie 2)


La présente réflexion fait suite à celle portant sur les quatre premiers chapitres.
http://humanisme.blogspot.com/2007/07/benot-xvi-et-jsus-de-nazareth.html ). Elle s’attardera aux chapitres 5 et 6.

LA PRIÈRE DU SEIGNEUR (chapitre 5)

C’est sans nul doute la prière qui rejoint le mieux, à la fois Dieu et l’homme. Elle nous enveloppe dans une même communauté de vie. Chaque fois que je dis NOTRE Père je prends un peu plus conscience que chaque personne humaine est un frère, une sœur et que ma communion au Père ne saurait être parfaite tant et aussi longtemps que je ne traiterai pas, comme telle, chacune d’elle. Si nous ne sommes pas tous avec le Père, lui par contre, est toujours avec nous tous. La moindre exclusion devient une brisure dans la grande communauté humaine que Dieu veut à l’image de la communauté divine. En cela je vois la « catholicité » du message des Évangiles et le salut ouvert à tous les humains de la terre. « Paix sur terre aux personnes de bonne volonté. »

Pourtant, vous ramenez ce « nous » du Notre Père à celui des disciples. « Seul le « nous » des disciples nous permet de nommer Dieu Père, car c’est uniquement à travers la communion avec Jésus Christ que nous devenons vraiment « fils de Dieu » (...) Avec le mot « notre », nous proclamons notre adhésion à l’Église vivante, dans laquelle le Seigneur voulait réunir sa nouvelle famille
» (p.164).

Votre restriction de la filiation divine à la communauté ecclésiale laisse le lecteur songeur. Dans ce passage, vous réduisez tout aux disciples et à l’Église. Pourtant ce « nous » n’est-il pas le rassemblement de toutes les personnes de bonne volonté, de toutes celles que le sermon sur la montagne proclame bienheureuses, de tous les exclus auxquels Jésus s’identifie « Ce que vous faites au plus petit des miens c’est à moi que vous el faites » ? Toutes ces personnes ne sont pas nécessairement liées à l’institution ecclésiale, ni participantes aux activités cultuelles de cette dernière. Néanmoins, ne sont-elles pas élevées à une place toute spéciale auprès du Père? Exclure toutes ces personnes du « nous filial » n’est-ce pas outrepasser le pouvoir confié à l’Église ? Ne doit-elle pas, plutôt, poursuivre l’œuvre amorcée par Jésus de Nazareth et dont il est toujours la Tête Ép 4,9-16)? Jésus n’est-il pas venu pour le salut de tous les humains et n’a-t-il pas indiqué la voie par laquelle y arriver? Je ne pense pas que Jésus soit venu pour sauver une Église quelconque, mais une humanité dominée par les trois grands pouvoirs dont nous avons déjà parlé. Il en va de même pour l’Église qui ne doit pas plus se dédier à son propre salut, mais à celui de l’humanité, prisonnière d’un monde de domination. Sa mission n’est-elle pas d’œuvrer à l’avènement du royaume voulu par Jésus de Nazareth et ouvert à tous les humains de la terre? « Dieu veut le salut de tous les hommes » (1 Tm 2,4; 4,10).

La foi et la liberté de l’Église doivent donc être telles, qu’elle puisse faire sien la prophétie de Marie à sa cousine Elizabeth (Lc 1, 51-53), la sortie de Jean-Baptiste (Lc 3,4-9; Mt 3,7-10) contre les pharisiens et les sadducéens, sortie reprise, d’ailleurs, avec encore plus de force par Jésus lui-même (Mt 23). Ne doit-elle pas être en mesure de confronter tous ces démons et leurs alliés humains, de les dénoncer et d’y risquer elle-même sa vie, sachant qu’elle n’est pas seule? Ne doit-elle pas être ouverte à toutes les personnes de la terre, devenues en la personne de Jésus des filles et des fils adoptifs du Père. Si nous avons tous été solidaires de la faute d’Adam pourquoi ne le serions-nous pas de la filiation divine (Rm 5,12-21)? Il ne faudrait pas revenir à ce que le Concile Vatican II a abandonné comme point de doctrine non fondé: «hors de l’Église point de salut ».

Un deuxième élément retient mon attention. Il porte sur la reconnaissance de la volonté du Père et son accomplissement. Vous apportez le raisonnement suivant :

« Les Écritures Saintes posent qu’au plus profond de lui-même, l’homme connaît la volonté de Dieu, qu’il existe une communion de savoir avec Dieu, profondément inscrite en nous, que nous appelons conscience (voir par exemple Rm 2,15). Mais elles savent aussi que cette communion de savoir avec le Créateur, ce savoir qu’il nous a donné en nous créant « selon sa ressemblance » a été enfoui dans l’histoire, qu’il n’est jamais entièrement éteint, mais recouvert de multiples façons, qu’il existe une flamme doucement vacillante qui risque trop souvent d’être étouffée sous les cendres des préjugés gravés en nous. C’est pourquoi Dieu nous a de nouveau parlé avec des mots de l’histoire qui s’adressent à nous de l’extérieur et qui viennent en aide à notre savoir intérieur désormais trop voilé (...) Au cœur de cette enseignement de l’histoire se trouve le Décalogue du mont Sinaï » (pp.171-172).

Il y a là un raisonnement tout à fait cohérent auquel manque, me semble-t-il, une référence fondamentale, celle se référant à Jésus et à son Esprit, ce Paraclet qui habite nos cœurs, scellant ainsi cette seconde alliance dont nous parle le prophète Isaïe :

Voici venir des jours oracle de Yahvé où je conclurai avec la maison d'Israël et la maison de Juda une alliance nouvelle, non pas comme l'alliance que j'ai conclue avec leurs pères, le jour où je les pris par la main pour les faire sortir du pays d'Égypte, mon alliance qu'eux-mêmes ont rompue bien que je fusse leur Maître, oracle de Yahvé.

Mais voici l'alliance que je conclurai avec la maison d'Israël après ces jours-là, oracle de Yahvé. Je mettrai ma Loi au fond de leur être et je l'écrirai sur leur cœur. Alors je serai leur Dieu et eux seront mon peuple. Ils n'auront plus à instruire chacun son prochain, chacun son frère, en disant : «Ayez la connaissance de Yahvé!» Car tous me connaîtront, des plus petits jusqu'aux plus grands, oracle de Yahvé parce que je vais pardonner leur crime et ne plus me souvenir de leur péché
(Jér 31, 30-34).

Cette référence à l’Esprit-Saint, présent dans le monde, est fondamentale. Je me permets, ici encore, de partager une médiation sur le thème qui vous est cher : Prendre la Parole :
http://humanisme.over-blog.com/article-2020464.html

LES DISCIPLES (chapitre 6)

Il y a une lecture des Écritures et de certains auteurs qui révèlent votre manière de comprendre l’Église, sa mission, le démon et le monde d’aujourd’hui.

Dans un premier temps, vous nous précisez le sens et la portée du mot « exorciser » lequel constitue une activité fondamentale des disciples et par le fait même de l’Église. « « Exorciser » c’est placer le monde dans la lumière de la ratio qui provient de l’éternelle Raison créatrice et de sa bonté qui guérit tout en renvoyant à elle, telle est la tâche permanente et fondamentale des messagers de Jésus Christ. » (p.198)

Sans entrer dans une discussion qui risquerait d’être sans fin, sur le sens à donner à la ratio de l’éternelle Raison créatrice, je m’en tiendrai à la mission fondamentale des disciples et de l’Église qui consiste à placer le monde dans la lumière. Cette approche s’inscrit profondément sur la nécessaire Vérité dont nous parlent tellement les évangiles ainsi que sur la mise à nue de toutes les hypocrisies et manipulations qui visent à en dissimuler le véritable sens. Les références bibliques ne manquent pas pour préciser cette réalité qui n’est pas un simple concept rationnel, mais bel et bien une personne: «
Je suis la Voie, la Vérité et la Vie. »

Poursuivant votre raisonnement à la lumière de la Lettre de saint Paul aux Éphésiens, vous précisez qu’il faut « revêtir l’équipement de Dieu pour le combat, afin de pouvoir tenir contre les manœuvres du démon. Car nous ne luttons pas contre des hommes de chair et de sang, mais contre les forces invisibles, les puissances des ténèbres qui dominent le monde, les esprits du mal qui sont au dessus de nous » (Ép 6, 10-12). Pour préciser cette représentation du combat des chrétiens, vous empruntez une description qu’en fait Heinrich Schlier.

« Les ennemis ne sont pas un tel ou un tel, ils ne sont pas moi non plus, ils ne sont pas de chair et de sang (…) L’affrontement va plus profond. On livre combat contre une armée d’adversaires qui attaquent sans répit, sont quasiment insaisissables, n’ont pas véritablement de nom, mais seulement des appellations collectives. » p.199

Sans rien enlever à cet auteur qui vous rejoint sur ce thème, il ne saurait, me semble-t-il, se substituer à la présentation que nous font les Écritures de ces personnages maléfiques qui nous sont physiquement insaisissables. Dans le Vocabulaire de théologie biblique on y trouve des références intéressantes portant spécifiquement sur le combat de Jésus, vainqueur de Satan ainsi que sur le combat de l’Église. « La vie et l’action de Jésus se situe dans la perspective de ce duel entre deux mondes, dont le salut de l’homme est finalement l’enjeu » (p.259 au terme Démons). Si les démons sont insaisissables, leur présence dans le monde se fait à travers des hommes faits de chair. Le combat de l’Église portera, entre autres, contre les doctrines démoniaques qui s’efforceront en tout temps à tromper les hommes (1 Tm 4,1), contre les faiseurs de prodiges mensongers engagés au service de la Bête (Ap 1, 13s). Satan et ses auxiliaires sont à l’œuvre derrière tous ces faits humains qui s’opposent au progrès du Royaume. Grâce à l’Esprit-Saint l’on sait maintenant discerner les esprits (1 Cor 12,10) et on ne se laisse plus abuser par les faux prestiges du monde diabolique (1 Cor 12, 1s). Nous savons que Satan est un calomniateur, un menteur et qu’il est un féroce adversaire de l’avènement d’une société de Justice, de Vérité, de Solidarité et de Paix. Il sait que ses jours sont comptés.

Ces références à la Bible auraient donné une toute autre conclusion (p.199) sur la situation dans laquelle l’humanité se trouve aujourd’hui. Vous auriez fait mention, sans nul doute, de l’atmosphère de mensonge et de tromperie qui empoisonne les relations des États, des peuples et des personnes les uns avec les autres. Vous auriez dénoncé cette emprise qu’ont les moyens de communication sur l’information transmise et l’usage qu’en font ceux qui en ont le contrôle et la capacité de la manipuler. Vous auriez relevé cette exploitation éhontée des deux tiers de l’humanité par une minorité qui se gave de leurs biens et se nourrit des armes qu’elle produit pour les maintenir sous domination. Vous auriez repris à votre compte le Sermon sur la montagne, d’une part, pour conforter ceux qui luttent pour renverser l’ordre des valeurs existantes et, d’autre part, pour faire peser sur ceux qui en sont les maîtres non repentis les malédictions qui y sont inscrites et qui ne prêtent à aucun équivoque quant à leurs destinataires (Lc 6, 20-26). Ce n'est pourtant pas parce que vous ignorez ces confrontations. Vous les mettez bien en évidence en vous référant à l’aliénation d’une grande partie de l’humanité, aliénation qui illustre à merveille les enjeux de ce combat
.

« N’est-il pas vrai que l’homme, cette créature appelée homme, tout au long de son histoire, est aliéné, brutalisé, exploité? L’humanité dans sa grande masse a presque toujours vécu sous l’oppression. Et inversement, les oppresseurs sont-ils la vraie image de l’homme, ou n’en donnent-ils pas plutôt une image dénaturée, avilissante? Karl Marx a décrit de façon drastique « l’aliénation » de l’homme. (…) Il a livré une image très concrète de l’homme qui tombe aux mains de bandits » (p.224).

Cet extrait, que bien des lecteurs et lectrices croiront difficilement qu’il est de vous, reprend en d’autres mots celui déjà cité sur le capitalisme (p. 120).

« Face aux abus du pouvoir économique, face aux actes de cruauté d’un capitalisme qui ravale les hommes au rang de marchandise, nos yeux se sont ouverts sur les dangers que recèle la richesse, et nous comprenons de manière renouvelée ce que Jésus voulait dire quand il mettait en garde contre la richesse, contre le dieu Mammon qui détruit l’homme et qui étrangle entre ses horribles serres de rapace une grande partie du monde (p.120). De quoi faire comprendre ceux et celles qui ont soifs de justice » (p.119).

Ne nous montrent-ils pas que ce Mammon n’est pas si invisible que cela? Qu’il est là, agissant par personnes interposées, tout envoûtées par l’avoir, le pouvoir et le paraître. Dans ce contexte, je vous invite à partager avec moi cette méditation, réalisée sur le thème « Le Père du mensonge. »
http://humanisme.over-blog.com/article-3326851.html

Si, comme vous dites, la mission fondamentale de l’Église est d’éclairer l’humanité sur ces diverses forces qui la traversent, ne doit-elle pas relever, à temps et à contre temps, ces contradictions fondamentales qui caractérisent le monde dans lequel nous vivons? Ne lui faut-il pas dénoncer avec force et vigueur ceux et celles qui s’enveloppent de mensonges, d’hypocrisie, qui sont des calomniateurs de grande classe, sachant convertir en diables des prophètes et en prophètes des diables? La lumière « de la ratio » ne devient-elle pas ce que Jésus a apporté au monde par sa prédication, sa vie, sa mort et sa résurrection? Cette dernière nous assure qu’il est toujours présent comme homme au cœur de nos vies et de nos combats contre le malin. L’Église, celle qui vit du don de la foi et qui répond aux appels du monde d’aujourd’hui, ne doit-elle pas agir comme un levain dans la pâte, et prolonger dans le temps et l’espace cette présence d’un Jésus actif au service d’une humanité en quête d’amour, de justice, de Vérité et de paix?

La poursuite de la marche de Dieu à la rencontre de l’homme n’est-elle pas celle qui répond le mieux au mystère de l’incarnation? Jésus n’est-il pas cette semence mise en terre dans le cœur des hommes pour y faire grandir ce qui deviendra l’homme nouveau?

Autant de questions auxquelles il faudrait répondre.